sábado, 5 de febrero de 2022

De nocturnidad y con alevosía

Panama City, casa de mis tíos. 

Días restantes para ir a Colón... pues mira, Dios sabrá, porque lo que somos nosotros...

Por si se acaban de conectar al hilo de los acontecimientos, Mesié y yo estamos durmiendo en la salita de mis tíos en la planta de arriba. Para más información, por favor lean el blog, que está escrito con muy buen gusto y mejor tesón. La sala es amplia y diáfana, prácticamente no tiene mobiliario así que todo está tomado por nuestros bultos y los dos colchones que nos han puesto a los jóvenes incautos para que durmamos allí como si fuesemos los centinelas nocturnos de mi primo el pequeño, cuya puerta basicamente da a los pies de Mesié. Los colchones son la releche de cómodos, pero el ruido de los coches y la escandalera de los loros (los de los coches, no los de los árboles) no deja tregua en todo el día. Básicamente es como una acampada de interior en la jungla urbana. Y sin aire acondicionado.

Bueno, el caso es que ante las novedades de la mañana, nos encontrabamos un poco varados en Panama ciudad. Un poco sólo. Así nivel "teníamos casi dos semanas de itinerario con esta gente, alojamiento y viajes incluídos, pero covid". Mientras tanto, a golpe de patear el biomuseo, un dolor misterioso le había aparecido a Mesié en las patitas, más concretamente en los pies, y digo misterioso porque este hombre se ha caminado kilómetros y subido montañas con peso a la espalda sin consecuencias pero se ve que dos horas de museo han sido demasiadas pa su body. Misterios misteriosos. Que digo yo que si no podrían salirle juanetes o quemarse las plantas con la arena. El resultado es el mismo y al menos sabemos qué enemigo combatimos. Pero no.

Fascitis plantar, dice google. Eso o cancer. Que todos sabemos que cuando uno tiene un dolor misterioso y repentino, buscarlo en google es la respuesta.

 En fin, ya puesto en contexto, os podéis imaginar la gracia que nos hizo quedarnos tirados en Panamá. Atención spoiler: ni p*t* gracia, vaya. Yo más o menos había conseguido dormir unas 16 horas, no consecutivas y repartidas en  lo que llevabamos de semana fundamentalmente debido al ruido de los coches, así que mi estado mental empezaba a estar ligeramente afectado. O al menos eso es lo que me decián los extraños hombrecillos marrones que trepaban por las paredes de la casa cuando nadie más estaba cerca para verlos. 

Y es que hay un pequeño detalle que yo no había pensado cuando se nos cagaron los planes... y es que era viernes. 

Viernes, queridos.

En la casa de mis tíos se cena tarde para los estándares panameños, pero relativamente pronto para cualquier ejpañol. Mi tía llegó de trabajar sobre las 9 de la noche y allí estábamos todos, con la cabeza como un bombo porque a los capullos vecinos del local de al lado les había dado por probar qué volumen podían alcanzar sus altavoces, o quizás sólo deseaban compartir generosamente con todo el vecindario su suscripción a "el raeggetón peleón". Como sea, yo llevaba ya un rato ideando formas de deshacerme de un cuerpo en un país de clima tropical, por aquello de que se descomponen muy rápido y el olor alerta a las autoridades enseguida. Y la garita de policía está en el local del otro lado de la casa. ¿He mendionado ya que la policía tiene el cuartel al otro lado de la casa? Mientras tanto nosotros nos mordíamos las uñitas pensando en cómo se escucharía eso arriba en la salita.

- Ay, Dios- le decía yo a Mesié-. Como esto siga así manuda noche nos van a dar. 

Yo es que soy muy de dormir por la noche, llamadme rara. Pero se ve que mi tía también, y no debe ser muy fan de la serenata nocturna (gracias a dios) porque apenas necesitó un comentario y agarró las llaves y se fue.

¡Abandono de hogar!

- ¿A dónde va tu tía?

- Creo que ha ido a decirles que bajen la música.

- ¿En serio? Pues aquí no lo sé, pero en París con gente así puedes acabar en pelea...

No habíamos terminado de hablar cuando se hizo el silencio. Jamás pensé que podría echar tanto de menos el estruendo de las cigarras. Se oyó la puerta y con toda la dignidad del mundo mi tía cruzó sin mediar palabra. Así que yo, que soy así cotilla por presión social y no po voluntad le pregunté lo obvio, ya que nadie alababa a la heroína.

- ¡Por supuesto que fui a llamarles la atención! Es viernes; si no se les dice nada pueden estar así hasta las 2 de la madrugada- mi vida pasó ante mis ojos- y eso no está permitido, ya es tarde para tener la música a ese volumen. Les dije que si no reducían el volumen les mandaba a la policía.

Bueno, sólo os digo que desde entonces Mesié piensa que mi tía es una especie de capo del barrio. Queen of the gang o algo así, dice. Nosotros no podíamos estar más contentos. Si ya era malo dormir con los tapones y aún así escuchar los coches y sus llamadas nocturnas, el reggetoneo directamente no dejaba escuchar los coches, no os digo más. Os imagináis el kiosko que se había ganado mi tia.Pero no por mucho tiempo. 

Por fin pudimos cenar, mi tia se retiró a dormir y nosotros dejamos a mis padres abajo para acostarnos también. Estabamos ya con un pie en la cama cuando adivinad qué.

Exacto: regetoneo. 

Luego diréis que os lo pongo dificil...

Pero regetoneo nivel duro, regetoneo nivel verbena bajo tu ventana.

- No me lo puedo creer. ¡Si mi tía había amenazado con llamar a la policía y se habían achantado! ¡Estos buscan guerra! Los muy cabrones se han esperado a que se acueste para volver a poner su m**rd* de música.

Pero no era exactamente igual. No sé como deciros

viernes, 4 de febrero de 2022

Del covid y esas mierdas: El retorno del virus

Panamá Ciudad. Casa de mis tíos. Días restantes para ir a Colón: 1

Alguna hora de la mañana, yo que sé, pregunten a otro que no soy mi secretaria. Llevo 5 días para hacer yoga, pero hoy es el día, puedo sentirlo. Vamos a ir al biomuseo que por fin lo han abierto tras el covid y como abre bastante tarde, hoy sí que sí, me da tiempo. Me visto para salir. Madre entra sin llamar, otra vez. Ahora, lo de que no tengamos puerta, ya si tal.

- Ana toma, he venido a darte el teléfono, que te estaba sonando. Te lo dejaste en el salón.

- Sí, claro, no me lo dejé a posta ni nada, qué va... gracias madre.

27 mensajes de panawasa y una llamada perdida. Matenmeeee. 

- Esto es urgente fijo- me digo a mi misma en mi misma mismidad-. Mejor me dejo el teléfono un rato más, en el dormitorio esta vez mejor que tengo cosas que hacer en el salón. Nadie podrá nunca relacionarme con la escena del crimen.

Ante semejante plan maestro, me dejo el teléfono por descuido y bajo a desayunar. Sí, porque aquí las mañanas empiezan animaditas desde primera hora, y como ya hemos ido aprendiendo, no precisamente por las alarmas de coche ni los camiones gigantescos pasando a todo trapo al amanecer. Cuando me asomo a la terraza de nuevo, Padre me asalta por sorpresa.

- ¿Has llamado ya a Jose?  

- ¡Gensanta! 

Infarto. Pequeño. Ains. Los quereseres del teléfono me persiguen de una planta a otra de la casa sin que yo pueda hacer nada por evitarlo. Es mi destino.

- No, pensaba llamarlo en un rato.

- Mejor llámalo ahora, que luego se te olvida.

- Padre, no voy a llamarlo a las 8 de la mañana, deja al hombre desayunar, o conducir, o ducharse, o lo que esté haciendo tranquilo y ya le llamo a horas de persona.

Eeeeeso, las 8 o por ahi, eran. Es que ya esto de levantarme al amanecer en el trópico me tiene trastocada .

- ¡Pero si ya estará despierto! De verdad que yo no sé por qué tantas vueltas para todo, luego se te pasa el día y no lo haces.

Sí, porque la gente tiene la mala manía de llevar horarios de currito y pasarse el día ocupados y descansar cuando buenamente pueden, a ver si aprendemos de los jubilados, a mirar las obras y esas cosas. Le echo a mi padre la mirada de "habló de p*t*s la Tacones" y suspiro muy fuerte. Si esto no es amor, debe de ser asma, porque suspirar tanto y tan fuerte no puede ser casual. 

- Lo que sea, yo voy a desayunar y hacer yoga para salir de aquí a las 10 y media para el museo, que luego se nos hace tarde. Abre de 11h a 15h, así que podemos ir nada más abrir, tenemos margen.

- Vale, de acuerdo.

Preparo un desayuno así como europeo con el pan que mi padre y el mesié han elegido, porque no importa cuantos kilómetros lejos de casa estés, la globalización es tu amiga y ha llegado para que lo de adaptarse sea cosa del pasado. No he terminado de desayunar cuando aparece Padre con un gesto triunfal.

- Ya le he dicho a Yeya que comemos aquí.

¡FLASH...! O-ooh... back

- ...salir de aquí a las 10 y media para el museo, que luego se nos hace tarde. Abre de 11h a 15h, así que podemos ir nada más abrir, tenemos margen.

- Vale, de acuerdo.

...de acuerdo.

...acuerdo.

...erdo.

 ¡FLASH...! O-ooh...forward

 - Pero vamos a ver, padre... ¿no íbamos al museo durante la hora de comer? 

- Vamos después de comer.

¡FLASH......mira no, que yo paso de repetirlo. El cerebro me glichea de incongruencia.

- ¡Pero si el museo abre de 11h a 15h! Para cuatro cochinas horas que abre quieres que vayamos qué, ¿una?

Nota de la autora: en este país se come entre las 12 y la 1. Eso de comer a las 4 es como muy de ejpañoles, y no voy a venir yo a una casa panameña de invitada a decirles que comen muy pronto. Menos aún cuando me cocinan.

- ¡Pues entonces cuando quieres que vayamos!

- ¡Pues a las once!

¿O es que  necesitas que pase el flashback por tercera vez??

Padre pone cara de lechuga pocha. Que parecía un jubilado abandonado en la gasolinera bajo la caló de agosto, no digo más.

- Bueno, pues habrá que comer a la vuelta, cuando lleguemos, entonces... Pero ya veremos si salimos a las 11h, ¡que al final siempre nos enrollamos y tardamos en salir muchísimo!

¡Encima la culpa será mía, dijo el que baja un momento a saludar y desaparece por dos horas!

Contra todo pronóstico, me las ingenié para terminar de desayunar. Mientras tanto, la colección de panawasas del movil se me había olvidado hasta el momento de salir a hacer yoga. Miro el teléfono con estupor, y veo que la llamada es de Natalia (como si hubiese escuchado a mi padre preguntar por su marido) y veo que ha mandado algo al grupo. ¡Delega, tonta, delega y haz yoga que llevas la tira para por fin sacar el rato! 

Natalia ha llamado y parece que ha estado escribiendo al grupo, ¿podéis mirar vosotros qué necesita?- les digo a padres antes de salir

- Sí, claro, pero...

¡DEMASIADO TARDE! ¡Han dicho que sí! ¡Ese ha sido su error! Salgo corriendo de allí agitando los bracitos, demasiado rápida para unos padres retirados. Nunca sabrán lo que les atacó. Sin embargo, debo de ser idiota o masoca, porque me llevo el móvil y según termino el yoga, tras una colección nueva de suspiros al cual más intenso, decido POR FIN mirar el teléfono como dios manda.

Natalia dice: Ana, por favor, necesito comunicarme con ustedes, llámame en cuanto tengas un momento.

Hace como dos horas.

....

Mierdaaaaaaa

Y llamo.

- Hola Natalia, dime ¿sucede algo?

- Ay no, nada.. verás estaba al teléfono con tus papás, pero es que no se escuchaba bien. Yo verás llamaba para decirles que yo me hice una prueba porque llevaba unos días encontrandome mal y bueno, no sé si viste ya la imagen que mandé por el grupo...

- ...no, pero vamos, que como si la viera, oyes. Así que por favor dime que estás embarazada.

- ...y es que dí positivo de covid.

Supermierdaaaaaaa.

Bueno. Al menos ya no tengo que llamar a Jose para nada.

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Nota al pie: A pesar de los imprevistos -oh qué raro- al final llegamos al biomuseo. Estuvimos esperando a Padre como un cuarto de hora. Salimos media hora tarde, pero llegamos igual. El biomuseo super chachi pistachi y tiene un higuerón centenario. Me lo pasé genial y aprendí muchísimo. Se han sobrado con los precios pero lo recomiendo mazo, está estupendo. Pero esto no os lo cuento porque yo escribo para que os riáis de mis desgracias, no para que aprendáis cosas. Si me dais mucho cariño igual me molesto en meter información práctica, pero ya sabéis, si no me leeis como que pa qué. ¡Así que hasta luego, rufianes!


De nocturnidad y con alevosía

Panama City, casa de mis tíos.  Días restantes para ir a Colón... pues mira, Dios sabrá, porque lo que somos nosotros... Por si se acaban de...