Panama City, casa de mis tíos.
Días restantes para ir a Colón... pues mira, Dios sabrá, porque lo que somos nosotros...
Por si se acaban de conectar al hilo de los acontecimientos, Mesié y yo estamos durmiendo en la salita de mis tíos en la planta de arriba. Para más información, por favor lean el blog, que está escrito con muy buen gusto y mejor tesón. La sala es amplia y diáfana, prácticamente no tiene mobiliario así que todo está tomado por nuestros bultos y los dos colchones que nos han puesto a los jóvenes incautos para que durmamos allí como si fuesemos los centinelas nocturnos de mi primo el pequeño, cuya puerta basicamente da a los pies de Mesié. Los colchones son la releche de cómodos, pero el ruido de los coches y la escandalera de los loros (los de los coches, no los de los árboles) no deja tregua en todo el día. Básicamente es como una acampada de interior en la jungla urbana. Y sin aire acondicionado.
Bueno, el caso es que ante las novedades de la mañana, nos encontrabamos un poco varados en Panama ciudad. Un poco sólo. Así nivel "teníamos casi dos semanas de itinerario con esta gente, alojamiento y viajes incluídos, pero covid". Mientras tanto, a golpe de patear el biomuseo, un dolor misterioso le había aparecido a Mesié en las patitas, más concretamente en los pies, y digo misterioso porque este hombre se ha caminado kilómetros y subido montañas con peso a la espalda sin consecuencias pero se ve que dos horas de museo han sido demasiadas pa su body. Misterios misteriosos. Que digo yo que si no podrían salirle juanetes o quemarse las plantas con la arena. El resultado es el mismo y al menos sabemos qué enemigo combatimos. Pero no.
Fascitis plantar, dice google. Eso o cancer. Que todos sabemos que cuando uno tiene un dolor misterioso y repentino, buscarlo en google es la respuesta.
En fin, ya puesto en contexto, os podéis imaginar la gracia que nos hizo quedarnos tirados en Panamá. Atención spoiler: ni p*t* gracia, vaya. Yo más o menos había conseguido dormir unas 16 horas, no consecutivas y repartidas en lo que llevabamos de semana fundamentalmente debido al ruido de los coches, así que mi estado mental empezaba a estar ligeramente afectado. O al menos eso es lo que me decián los extraños hombrecillos marrones que trepaban por las paredes de la casa cuando nadie más estaba cerca para verlos.
Y es que hay un pequeño detalle que yo no había pensado cuando se nos cagaron los planes... y es que era viernes.
Viernes, queridos.
En la casa de mis tíos se cena tarde para los estándares panameños, pero relativamente pronto para cualquier ejpañol. Mi tía llegó de trabajar sobre las 9 de la noche y allí estábamos todos, con la cabeza como un bombo porque a los capullos vecinos del local de al lado les había dado por probar qué volumen podían alcanzar sus altavoces, o quizás sólo deseaban compartir generosamente con todo el vecindario su suscripción a "el raeggetón peleón". Como sea, yo llevaba ya un rato ideando formas de deshacerme de un cuerpo en un país de clima tropical, por aquello de que se descomponen muy rápido y el olor alerta a las autoridades enseguida. Y la garita de policía está en el local del otro lado de la casa. ¿He mendionado ya que la policía tiene el cuartel al otro lado de la casa? Mientras tanto nosotros nos mordíamos las uñitas pensando en cómo se escucharía eso arriba en la salita.
- Ay, Dios- le decía yo a Mesié-. Como esto siga así manuda noche nos van a dar.
Yo es que soy muy de dormir por la noche, llamadme rara. Pero se ve que mi tía también, y no debe ser muy fan de la serenata nocturna (gracias a dios) porque apenas necesitó un comentario y agarró las llaves y se fue.
¡Abandono de hogar!
- ¿A dónde va tu tía?
- Creo que ha ido a decirles que bajen la música.
- ¿En serio? Pues aquí no lo sé, pero en París con gente así puedes acabar en pelea...
No habíamos terminado de hablar cuando se hizo el silencio. Jamás pensé que podría echar tanto de menos el estruendo de las cigarras. Se oyó la puerta y con toda la dignidad del mundo mi tía cruzó sin mediar palabra. Así que yo, que soy así cotilla por presión social y no po voluntad le pregunté lo obvio, ya que nadie alababa a la heroína.
- ¡Por supuesto que fui a llamarles la atención! Es viernes; si no se les dice nada pueden estar así hasta las 2 de la madrugada- mi vida pasó ante mis ojos- y eso no está permitido, ya es tarde para tener la música a ese volumen. Les dije que si no reducían el volumen les mandaba a la policía.
Bueno, sólo os digo que desde entonces Mesié piensa que mi tía es una especie de capo del barrio. Queen of the gang o algo así, dice. Nosotros no podíamos estar más contentos. Si ya era malo dormir con los tapones y aún así escuchar los coches y sus llamadas nocturnas, el reggetoneo directamente no dejaba escuchar los coches, no os digo más. Os imagináis el kiosko que se había ganado mi tia.Pero no por mucho tiempo.
Por fin pudimos cenar, mi tia se retiró a dormir y nosotros dejamos a mis padres abajo para acostarnos también. Estabamos ya con un pie en la cama cuando adivinad qué.
Exacto: regetoneo.
Luego diréis que os lo pongo dificil...
Pero regetoneo nivel duro, regetoneo nivel verbena bajo tu ventana.
- No me lo puedo creer. ¡Si mi tía había amenazado con llamar a la policía y se habían achantado! ¡Estos buscan guerra! Los muy cabrones se han esperado a que se acueste para volver a poner su m**rd* de música.
Pero no era exactamente igual. No sé como deciros